ARCHIVO POÉTICO

Elle, qui ne le saura jamais

Abre el telón y el espectáculo empieza: dos gotas de sudor caen de su cabellera rizada acastañada, y se ajusta en un nudo sus cabellos hacia atrás, y no cesa, y va moviéndose radiante de energía, mientras me habla, y de alguna forma, aconseja con una miríada de palabras. Continúa el espectáculo que mis ojos aprovechan, y mis oídos, su voz, dulce manjar que transmite, que me llega. Y recuerdo cuando la veía con sus labios y uñas de carmín, y la comisura de sus labios sonreír, risueña porque era de noche, y de seguro iba con sus amigos a salir. Y pensaba en cómo quería mis labios mojarlos con los suyos, en una infinidad de besos, labio contra labio, yo humedecido en ella, empapado en su cuenco, la respiración que se acorta de sur a norte, sus ojos mi cielo. Y por esos ojos verdes claros yo naufrago, y no digo nada, porque mi silencio, por respeto, es sagrado. Y he hecho por ella una luz inextinguible en mi corazón, fleur douceur, flamme de vie, elle, qui ne le saura jamais.
Publicado originalmente el 6 de enero de 2026.
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