ARCHIVO POÉTICO

Luna creciente

Por debajo de su cuello de nácar se aprecia una luna creciente estampada en la piel. Ella habla y mi mirada se abandona apaciblemente en verle la luna grabada en la tersura de su piel. Yo sé que no dormiré. Y escribo estos versos a la luz de una vela, en pleno siglo veintiuno, rodeado de oscuridad, mientras pienso en su luna creciente, y al cerrar mis ojos veo luz de estaño que brota del grabado de su piel. Es que es luz de luna, luna y tersura. ————————————————— La luna creciente pintada en el lienzo de su piel me desvela. Y es porque sólo quiero soñar despierto, imaginando las yemas de mis dedos surcando por debajo de su cuello, acariciándola como si de un último beso se tratara. ¡Ay la luna! Sus poros son el mar de estrellas que la rodea. Ella hablaba, y yo en la tarde y ahora en la noche, recordaba tanta gracia marcada en piel, que me vi en la obligación de escribir esto para plasmar un recuerdo. Y verle la luna creciente en la tersura de su piel, tan natural, rodeada de poros que son estrellas, siento mientras escribo estos versos que me encontré en el cielo. ————————————————— Luz de estaño que por debajo de su cuello, y diestro, reboza por tener a perpetuidad una marca de luna creciente. Es de madrugada, no hay luz, y he encendido otra vela. Trato de encontrar la quietud del alma pensando en la verde naturaleza, como si de una meditación se tratara, pero el susurro de un dulce recuerdo de la mañana danzó en mi mente: el verdemar de sus pupilas, verdemar que abunda en miles de matices en la verde naturaleza. No dormí, pero fui feliz mientras duró, diciéndome que jamás he visto unas pupilas tan claras, y el recuerdo de verle la luna creciente remarcada en la seda de su piel. Y ella jamás sabrá que escribí esto: son versos de más para apaciguar el desmadre que un poco de belleza logra evocar: un torbellino de emociones, de olas de calor, de dulces escalofríos, y el desvelo.
Publicado originalmente el 30 de octubre de 2024.
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