ARCHIVO POÉTICO

Romance del corazón discreto

Verde mar, piel de escarcha, qué hermosa es, ilusiona mi alma. Mas esta se vuelve penumbra al aterrizar los pies en la tierra durante cada alba. Verdes ojos, verdemar, claro su reflejo que quema el no poder tocarla, ni decir palabra alguna del calor, brasa ardiente en el pecho, ¡qué remordimiento sentir el silencio! Se escucha el trinar de pajarillos en primavera desenvolverse con calma, y yo aquí deseando escuchar su voz, frente a frente, y no ante un telón que separa. Quiero que nuestras voces trinen al son del canto de los pajarillos, y, ¡Maldita fantasía! Me avergüenza, me acalla. ------------------------------------- Una luna creciente en su pecho le marca, una mariposa en su antebrazo quiere extender sus alas, y un perro tallado a mano en su piel de nácar quiere lamerle la cara. Clavar mis pupilas en las suyas es viajar a las costas del Pacífico cuando las olas son mansas. Verdemar, hermosa claridad, luminiscencia y paz. ----------------------------------------------- La escucho hablar frente a un telón que nos separa, la veo, la observo, siendo un placer ver sus manos desplazar, de un lado a otro moverse, verlas comunicar. Tantas palabras que quedan almacenadas en un cofre que guardo muy dentro, palabras que siento, palabras de declaraciones que arruinarían el momento. Los mejores días son frente a frente a un telón donde la veo, la escucho, me escucha, y le cuento lo que siento, mas jamás sobre ella, mi ardiente secreto. Ser un problema a resolver no es paz, ser uno más de a quienes a ella le toca escuchar es imposibilidad. Me entrego a la fantasía y a los versos para soñar. Y la pienso, la pienso, todos los días, y espero pacientemente a que llegue el día en presentarme frente a mi ordenador, el telón, para ver la aurora boreal de sus ojos resplandecer en el firmamento. ------------------------------------------------------ Mira, compadre, dame una mano que me ahogo por dentro, dame una mano que no quiero caer más lejos. Siento pesadumbre en mi pecho, sé un hombro que me apoye, un abrazo de aliento. Déjame subir las escaleras para estar más cerca del cielo, que lo veo verde como sus pupilas verdemar, y ahora que sangro, que sea su recuerdo mi último respiro, mi último aliento. Tantas palabras calladas no es vivir, es gentileza y sacrificio a no ser despojado de esperanza, y la fantasía de tenerla al menos mientras sueño. Compadre no soy feliz, estoy incompleto, no llames a la ambulancia, déjame morir lento. La soledad carcome mi existencia, que me cremen que muero. —---------------------------------------------- La poesía, el alimento de quienes en silencio dejamos palpitar el corazón que busca ser amado, infinidad de besos.
Publicado originalmente el 21 de octubre de 2025.
← Volver al archivo