ARCHIVO POÉTICO

Te veo bailar sola

Te veo bailar sola, ensimismada en la canción, y me evocan tus movimientos a la métrica de un poema del siglo de oro español, de un poema de amor, sea de Quevedo, o de su competidor. Me gusta verte bailar sola, canturreando la pieza del salón, como si una voz secreta estuviera susurrando cada trazo que vas marcando con precisión. ¡Hoy te vi hacerlo! Enmudeció mi voz. Tú, el aura del salón. Grácil en los movimientos, flotante sensación, te diría las más hermosas palabras, pero cuido de heridas mi corazón. ———————————————————- La nostalgia se toma mi alma, y empiezo a rememorar: el palco y a ti portando tu vestido negro, y yo queriendo tomar tu mano, de susurrar una palabra de amor. Mas pensé que era preferible reprimir mis deseos y guiarme por la razón, y en proteger a mi corazón. Tan bella estabas, tan bella eres, también, y tan bella permanecerás, eres una primavera más. Apoyaste tus dedos sobre el borde del antepecho, y juro mil veces que ganas de tomarlos entre los míos, entrelazarlos, y para cobijarlos en el secreto de mis manos, no me faltaron, sólo el coraje de al menos intentarlo, aunque sea, el primer paso. La nostalgia sigue empecinada en hacerme brotar aquellos recuerdos donde algo pudo ser o no, pues jamás lo sabré por acallar a mi alma, por no actuar, y por siempre callar. Y recuerdo… recuerdo reírnos parados desde el Paraíso del Teatro porque yo tuve vértigo, y me dió un ataque de pánico que logré reprimir, aguantando cada sensación, queriendo tomar tu mano, mas estuvimos tan cerca que pude sentir tu aliento al respirar y la frescura de tus cabellos que las olas de calor que me sobrevenían detuvieron su curso, y disfruté la obra, pero más que ella, la comisura de tus labios ligeramente cubierta por una sombra incierta. ———————————————————— Y te eché de menos, en esos meses cálidos para mí y de frío para ti. Quería, paloma nacarada, que allá donde estabas encuentres a alguien que te amara, que sea tu estrella y mar, aunque me doliera a mí, pues es así es cuando se ama. Un día tu silencio que te pedí me aprehendió y supe que no sería nada, quedándome sólo con estos versos que quedarán para un auto abrazo de contención. Ahora que te vi bailar sola, canturreando la pieza del salón, me gustó, y me dije: “no te recrees historias, sólo disfruta su arte, escribe unos versos, que esa es tu contención”. E igual te quería, te quiero y te querré, con dulzura y placer.
Publicado originalmente el 7 de septiembre de 2026.
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